Boko Haram es una secta fundamentalista musulmana que tiene como  su principal objetivo el exterminio de todos los cristianos.

En una época marcada por la tolerancia y el ecumenismo del mundo occidental frente a todas las religiones -especialmente hacia los musulmanes, a quienes se les han abierto las puertas de Europa y de los Estados Unidos- sorprende el radicalismo de esta secta asesina que tiene su mayor influencia en Nigeria.

Esta nación africana es la más poblada de ese continente, con casi 200 millones de habitantes. Los musulmanes son la inmensa mayoría de la población, pero en el sur de Nigeria habita una minoría cristiana, salvajemente perseguida por los musulmanes, a lo cual poca atención se le presta en el noticiario mundial. Las medidas tomadas a este respecto por los organismos internacionales,  o al menos las voces de protesta,  son absolutamente nulas.

La traducción literal de Boko Haram, expresión nigeriana, quiere decir: “La cultura occidental está prohibida”. Esta secta fundamentalista lucha por tomarse el poder en Nigeria y hacer de esta nación africana un estado radicalmente musulmán, para lo cual no hay límites en materia de terrorismo y vejámenes contra quienes  no están de acuerdo con su fanatismo religioso.

Hace algunas semanas se dieron a conocer ante el mundo, por causa del secuestro de unas 200 niñas nigerianas, la mayoría de ellas cristianas, que fueron raptadas salvajemente por esta secta. Poco se sabe del paradero de estas mujeres, pero todo indica que fueron llevadas por la fuerza hacia el norte del país, hacia los límites  con el desierto del Sahara, donde muy probablemente están siendo sometidas a esclavitud sexual, mientras se las obliga a aceptar los preceptos fanáticos de la secta musulmana.

Boko Haram ha constituido un ejército rebelde que pretende derrocar al actual gobierno de Nigeria, y además viene desestabilizando a las demás naciones vecinas. Por ejemplo, la más reciente noticia es que han incursionado en el vecino Camerún, donde  secuestraron a  la esposa del  viceprimer ministro del país y a otras personalidades, asesinando a sus escoltas y guardaespaldas.

Desde el año 2009, cuando apareció esta secta asesina, se calcula que ha asesinado a unas 3.000 personas, la mayoría cristianos, y ha destruido numerosos templos y escuelas. Su máximo jefe, llamado Abubakar Shekau, es considerado un “teólogo” de la religión musulmana, y pretende imponer la religión por la fuerza de las armas, al tiempo que pretende exterminar a quienes profesan la fe cristiana.

En los últimos años, estas sectas fundamentalistas se han multiplicado en Oriente Medio y en Africa, financiadas por algunos estados islámicos como Irán.  Por ejemplo, en Irak, nación devastada por el abandono de los EEUU después de la guerra, ha surgido una secta similar que ya tiene dominio sobre una parte del país. Ha obtenido el dominio de algunas de las ciudades más importantes, y ahora se dirige sobre la capital, Bagdad,  para tomar cuenta del Gobierno, de las Fuerzas Armadas y del petróleo, que es la única fuente de recursos,  de tal forma que pretende hacer de Irak un estado religioso musulmán.

Esta nueva secta, denominada Estado Islámico de Irak y el Levante  (EIIL), ya está incursionando también en los territorios de sus vecinos, Siria y Arabia Saudita, aumentando el caos en una región del mundo donde no hay otra cosa  sino eso.

Mientras tanto, en Occidente se recibe a los musulmanes de brazos abiertos,  se les permite construir sus templos y mezquitas sin ninguna condición, se administran sus enormes fortunas provenientes del petróleo,  y se toleran sus ritos y sus creencias religiosas como una expresión de respeto a los derechos humanos y a la diversidad  religiosa de cada pueblo.

Pero, mientras tanto, la actitud de estas sectas es de una intolerancia absoluta, sin esconder su meta final de pretender destruir el Cristianismo y la Cultura Occidental.