¿Colombia en la Era de la persecución religiosa?

Cruz de mayo

No de otra manera se puede entender la situación, al leer la noticia de la prohibición de la Cruz de Mayo. Ofende y contraría elementales, ancestrales costumbres y creencias. De no tratarse de actos subyugadores y dictatoriales, por qué ha de prohibirse recordar los más elementales principios de la religión católica como lo es, ni más ni menos que la señal de la cruz? Quien está por detrás de este desconcertante y aplastante proceder?

Ya vimos, cómo nos han quitado las costumbres Navideñas, prohibiendo la lama en los pesebres, vegetación que se puede guardar seca durante años y se reaviva con la humedad; la pólvora, su pretexto de los quemados…

Bastantes más heridos y accidentados los hay en las Navidades por los accidentes de tráfico en las vías nacionales que, en esas fechas de las cuales ya no se puede afirmar son festividades en Bogotá pues la ciudad prefiere quedarse casi sola y miles y miles de sus habitantes buscan celebrar en otra parte. Igualmente los árboles de Navidad y recientemente hasta la celebración de Reyes con los año viejos

Se han cercenado estas costumbres, ya lo hemos dicho por las alcaldías comunistas y anarquistas que hemos padecido. Esto quiere decir que sabemos quién está, no por detrás sino al frente de este trasbordo rumbo al paganismo.

Pero ahora el precioso recuerdo de la cruz de nuestra Señor en presentación florida de primavera recordando cuanto El ha favorecido a nuestro país donde sobran las flores hasta convertirnos en el segundo país productor y gran exportador.

Qué pretexto hay y por qué hemos de someternos a tan profundos atropellos?

No valen tampoco aquí los principios de discriminación que arguyen para tantos otros perversos designios?

A quienes que trabajan ocasionalmente en estas manualidades de hacer pequeñas cruces al igual que las palmas de domingo de ramos se les corta un pequeño y ocasional medio de mejorar su precaria economía familiar, y sobre todo los meritos prometidos por Nuestro Señor a quien fabrica una cruz?

Quitarnos y lo más grave penalizar estos derechos tan elementales, como ya lo están haciendo con las espigas de Semana Santa pasará a la historia, primero como la descristianización de nuestra patria y luego como elemento de entender nuestra época -post constitución de 1991- como la época en que comenzó una nueva forma despiadada de persecución.

Si se persiguen las costumbres religiosas de tal manera, se está persiguiendo la religión y el derecho a practicarla. Así es que, en un estado donde predomina la impunidad con los verdaderos delitos, donde se despenalizan cada vez más los hechos inmorales como el aborto, la eutanasia etc. donde se protejen hasta las Casas de Lenocinio Homosexual con ingentes ayudas tomadas de los impuestos municipales, (erario público) donde no hay multas para los escándalos públicos, y sí se cohíbe, se multa y se amenaza con cárcel las sanas sencillas, humildes y admirables costumbres religiosas. Qué habremos de esperar?

10 de mayo de 2008 

Por Luis Fernando Escobar

La sombra de la persecución religiosa en Colombia
Reflexiones acerca del asesinato del Arzobispo de Cali

El asesinato de Mons. Isaías Duarte Cancino, perpetrado probablemente por una alianza de criminales de las mafias del narcotráfico y de la guerrilla comunista, hace volver las atenciones para un punto medularmente importante de la crisis colombiana, y que hasta ahora no se le ha dado el destaque que merece: las causas religiosas del conflicto armado en Colombia.

Desesperanza embarga los espíritus

Las circunstancias que rodearon el asesinato del insigne prelado son en su conjunto espantosas y dignas de ser registradas como una de las páginas más trágicas de nuestra historia. En la loca e interminable guerra en la que las guerrillas comunistas de las FARC y del ELN pretenden abatir Colombia, constatamos cómo las nuevas generaciones se acostumbraron a ver macabras escenas de juegos con las cabezas de los policías y militares muertos, a conocer impotentes la dura realidad de numerosos niños y …niñas reclutados para servir de carne de cañón en una guerra que no entienden, forzándolos a transportar explosivos para actos terroristas, siendo además objeto de sistemáticos vejámenes sexuales.

Sentir el profundo dolor de enterrar algún familiar asesinado, ser conminados a colaborar económicamente con los destructores de la Patria para no ser secuestrados o ver sus bienes en ruina, optar por un auto-destierro para procurar en lejanos lugares la seguridad que su Patria les niega, en fin, ser desplazados de sus tierras para vagar sin rumbo por las grandes ciudades de Colombia o del exterior abandonando todo a su paso. Es la desesperanza que embarga los espíritus.

En una inexplicable autodemolición se han asociado las fuerzas conjuntas del stablishment político, la manipulación realizada por algunos medios de comunicación y la desinformación impulsada por una constelación de ONGs, muchas de ellas financiadas por países europeos, que confluyen en un esfuerzo común: La defensa de los derechos humanos. Iniciativa muy loable de por sí, pero acontece que ese esfuerzo generalmente se dirige sólo para defender apenas los derechos humanos de los autores de los crímenes de la subversión. Y lamentablemente no se dice una sola palabra de las numerosas víctimas de esta.

Valiente denuncia

En ese contexto, la voz valiente y paternal de Mons. Isaías Duarte se hizo oír denunciando esta brutalidad y la voluntaria incapacidad del gobierno para defender a la sociedad civil. Él fue la voz de quienes no la tenían y enfrentó el riesgo de la venganza que tarde o temprano vendría implacable, como acostumbra caer sobre los que osan oponerse a la revolución. La hora de la inmolación llegó con claros indicios de haber muerto “in odium fidei”, constituyéndose en un auténtico mártir que enaltece nuestra historia. Los autores del crimen no podían soportar la figura de un hombre que los denunciase como “hordas de sanguinarios fratricidas” y que llegase a excomulgar a quienes sacrílegamente interrumpieran la Misa en la Iglesia de La María, en Cali, para perpetrar un secuestro masivo de más de 150 fieles allí congregados.

Progresiva persecusión religiosa

Cuando el ELN se responsabilizó en 1.989 por el secuestro, tortura y martirio del egregio obispo de Arauca, Mons. Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, se perfilaba el inicio de un Vía Crucis para la Iglesia. Hoy la inmolación de Mons. Duarte ha sido sólo el hecho más destacado de un sinnúmero de ellos perpetrados contra sacerdotes, creciendo de manera progresiva en los últimos años (ver recuadro).

También la población civil viene sufriendo con los vanos intentos de prohibir el culto católico en algunas regiones. En Julio del año pasado, el poblado de Almaguer, fue objeto de un prodigio que hizo revivir la esperanza de sus pobladores. Víctimas por quinta vez de un ataque terrorista que ya tenía semidestruida a la población, los guerrilleros comunistas violentaron sacrílegamente la Iglesia, destruyendo con dinamita el altar de 400 años donde reposaba el Santísimo Sacramento. En medio de las ruinas en que quedó la Iglesia, con asombro los habitantes encuentran intacta la piadosa imagen de la Virgen de los Milagros, patrona del lugar. Es como si la Divina Providencia les manifestase su especial desvelo y protección. Tonificados en la fe comenzaron a reconstruir rápidamente su Iglesia, y todos los pobladores resuelven unirse para defender el pueblo de posteriores ataques de la subversión, comenzando así una resistencia civil a la infame destrucción realizada por la guerrilla, que es ejemplo y motivo de admiración en toda Colombia.

Aparece la Teología de la Liberación

El heróico gesto de algunos prelados frente a estas amenazas, no debe cerrar nuestros ojos para la triste colaboración que ciertos sectores de la jerarquía han prestado a la subversión desde un pasado remoto. El Padre Camilo Torres, fundador del ELN a fines de la década de los 60 y muerto en combate, era gran amigo del padre peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el fundador de la “Teología de la Liberación”, movimiento que llevó a algunos sectores de la Iglesia a un compromiso político con la guerrilla marxista en América Latina.

Posteriormente ese movimiento guerrillero pasó a ser dirigido por dos sacerdotes españoles: los padres Manuel Pérez y Domingo Laín. Así, esa corriente “liberadora” infiltrada dentro de la Iglesia, fue la que se ocupó en larga medida de nutrir, de alimentar, de estimular la creación de numerosas organizaciones, aparentemente religiosas, pero en la realidad, comprometidas con la subversión marxista.

Y mientras algunos pastores usaron los púlpitos para convocar a los fieles a una auténtica revolución anticristiana, utilizando para el mal el enorme poder e influencia de la Iglesia, muchos otros prefirieron el silencio y la contemporización, evitando denunciar las embestidas del lobo rojo contra el rebaño a ellos confiado.

Fracaso del comunismo y maniobra desmovilizadora

¿Por qué nuestro país, donde las perspectivas electorales del Partido Comunista no han pasado nunca del 2%, tiene una guerrilla tan bien instalada? De las cenizas del comunismo, después de la caída del muro de Berlín, era preciso una maniobra psicológica que desmovilizase los espíritus con la esperanza de un vano entendimiento. A la sombra de un turbio proceso de paz, y beneficiada por unas concesiones absurdas por parte del gobierno, la guerrilla colombiana se fortaleció, también en parte por su valiosa alianza con el narcotráfico. En tres años, mientras se cometían impunemente los más crueles crímenes, la guerrilla tuvo oportunidad de crecer hasta transformarse en un temible adversario.

Entretanto, la reacción saludable y natural, no tardó en aparecer. Con la intensidad de un volcán que hace erupción, numerosas poblaciones deciden hacerle frente a la subversión. Caldono, Bolívar y Silvia, en el Departamento del Cauca, dan el ejemplo de una resistencia civil desarmada y heroica, que sale a las calles con banderas y pañuelos blancos en el momento mismo en que son atacados con ametralladoras y bombas. Presionada por la presencia de cientos de campesinos en la plaza principal de la población, la guerrilla es forzada a retroceder, ante la posibilidad de una masacre.

Igualmente, en la población de Silvia (Cauca), siete mil indígenas indignados rastrearon las montañas cercanas para buscar y exigir la liberación de tres alemanes secuestrados por el ELN, que se dedicaban a mejorar las condiciones de vida de sus comunidades campesinas, en un programa desarrollado por el gobierno alemán.

La clave de la victoria

Si la máscara de la tolerancia cae con frecuencia, dejando entrever el odio anticatólico, a ejemplo de la URSS de ayer y de la China de hoy, es verdadera señal que la persecución religiosa será una realidad en la medida en que permitamos que el cáncer comunista avance. “Qui vivra verra”. Quien viva, verá. Si esto fuere así, emulando a Mons. Duarte y a todos aquellos que componen la cada vez más nutrida columna de la Colombia martirizada, tenemos el derecho de esperar heroísmos patrióticos, a partir de los cuales surjan los auténticos líderes con capacidad moral y lucidez para hacer renacer la Colombia auténtica, fiel a sus tradiciones. De la sangre derramada por los mártires en la Roma decaída, surgió el impulso incontenible de la Civilización Cristiana.

¿Cómo será esto? Preguntará legítimamente nuestro lector. A esta incógnita responde brillantemente el Prof. Plinio Correa de Oliveira en su célebre ensayo “Revolución y Contra Revolución”, explicando la manera invencible de derrotar el proceso 5 veces secular de la Revolución y de cuyos terribles efectos tratamos aquí. Afirmaba él: “Cuando los hombres resuelven cooperar con la gracia de Dios, son ahí las maravillas de la historia que se operan: es la conversión del Imperio Romano, es la formación de la Edad Media, es la reconquista de España a partir de Covadonga, son todos esos acontecimientos que se dan como fruto de las grandes resurrecciones de alma de que los pueblos son también susceptibles. Resurrecciones invencibles, porque nada hay que derrote a un pueblo virtuoso y que verdaderamente ame a Dios”.(1)

Es nuestra esperanza, que esa nueva legión de valerosos mártires interceda delante del trono de Nuestra Señora de Chiquinquirá, Reina y Patrona de Colombia, para hacer posible esa transformación profunda y renovadora.

(1) Cfr. Revolución y Contra Revolución. Plinio Correa de Oliveira. 1.982, p. 51.e Nuestra Señora de C

Algunos crímenes de religiosos en una década

Según el Ejército, entre 1998 y los primeros tres meses del 2002, han sido asesinados 26 religiosos católicos y 39 pastores evangélicos.

Se conocen otros casos como el del sacerdote Tiberio de Jesús Fernández, en abril de 1990, quien apareció muerto después de dar sepultura a una de las más de 100 personas asesinadas en la región y por lo cual hizo fuertes denuncias. 

El 10 de mayo de 1991, el R.P.Julio Cortés Alfonso, párroco de Tununguí (Boyacá) y otras cuatro personas, fueron asesinadas por guerrilleros de las Farc. 

El 21 de mayo de 1991, el R.P. Jaime Gutiérrez Álvarez, rector del Colegio de La Salle de Medellín, fue muerto a disparos.

El 21 de diciembre de 1991, el R.P. Jaír de Jesús López Giraldo, vicario parroquial de la iglesia San Judas Tadeo del barrio Castilla de Medellín fue asesinado.

El 4 de noviembre de 1996 el R.P. José Botero Henao, párroco de Venecia ( Cundinamarca ), también fue muerto por desconocidos. 

El 26 de julio de 1998, el R.P. Jesús Manuel Serrano fue asesinado. 

El pasado 18 de enero también perdió la vida de un balazo el párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Asunción de Florencia, corregimiento de Samaná (Caldas), Arley Arias García.

Monseñor Isaías Duarte Cancino, Arzobispo de Cali, asesinado el pasado 16 de marzo en Cali.

El 6 de abril de este año, un grupo de pistoleros irrumpió en la iglesia de La Argentina (Huila) y en plena misa asesinó al cura párroco, R.P. Juan Ramón Núñez. En la acción criminal también murió un feligrés, identificado como Joaquín Quebrada. Las primeras investigaciones de la Policía señalan que guerrilleros de la columna móvil Teófilo Forero de las Farc. 

El asesinato del sacerdote se produjo 20 días después del crimen de monseñor Isaías Duarte Cancino y en medio de una creciente ola de amenazas contra integrantes de la Iglesia Católica.

El párroco de Saravena, R.P. Saulo Carreño, y el de Arauquita, R.P. Teodoro González, fueron secuestrados el pasado mes de abril cuando iban a cumplir una misión humanitaria para recibir a un grupo de siete alcaldes, concejales y diputados del departamento de Arauca, que están secuestrados por el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El obispo de Arauca, monseñor Rafael Arcadio Bernal, protestó por el secuestro de los dos sacerdotes y dijo que esta acción “vulnera los derechos de los sacerdotes y el sentimiento religioso de la comunidad cristiana.

Simultáneamente, el padre Gersaín Paz, jefe de comunicaciones de la Arquidiócesis de Cali, y cercano colaborador de monseñor Isaías Duarte Cancino, anunció que saldrá del país debido a las amenazas de muerte que ha recibido por sus denuncias sobre los posibles autores del crimen del jerarca católico. “Mis superiores están muy preocupados por mi seguridad, por lo cual tengo que irme temporalmente”, dijo el padre Gersaín. “Pero no me arrepiento de nada de lo que he dicho”, agregó el sacerdote que no precisó de donde provienen las amenazas en su contra (…)

Hay una lista de 10 sacerdotes que están amenzados en el norte del Valle, el Magdalena medio, Norte de Santander y la antigua zona de distensión

(Fuentes: El Tiempo del 7 y 8 de Abril de 2002)