Redacción publicado el 

(Por: Eugenio Trujillo Villegas) El pasado 3 de Febrero pasará a la historia de Colombia como el día en que se manifestó el más profundo rechazo a las FARC.  Rodrigo Londoño Echeverri , alias Timochenko, su máximo líder, hizo una de sus primeras incursiones como candidato presidencial y para ello escogió su tierra natal, en el corazón de la región donde se cultiva el café, uno de los símbolos que identifican a esta nación.   

Este hombre,  que es responsable por miles de asesinatos,  violaciones  y de innumerables  actos terroristas cometidos por las FARC a lo largo de 50 años,  ahora se ha convertido en aspirante a la Presidencia, gracias a la absurda benevolencia del Presidente Santos y de los recientes Acuerdos de Paz. Solo que han pasado por alto un principio fundamental, reconocido universalmente y vigente en la legislación nacional,  que no permite que quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad gocen de total y absoluta impunidad, además de estar impedidos para aspirar a cargos públicos.

Pero en Colombia se hizo, gracias a los engaños y a las mentiras del Presidente Santos, quien afirmó muchas veces que esto no iba a pasar. Según sus palabras, frecuentemente repetidas, los autores de crímenes de lesa humanidad y de terrorismo irían a la cárcel, pero evidentemente esa afirmación se constituyó en una burda y cruel falsedad.

Pasando por encima de la sangre y la indignación de las víctimas, Timochenko y las FARC  comenzaron esta semana su campaña presidencial. Cobijado por una total impunidad, su actividad política estará financiada además con dineros proporcionados por el Estado, lo cual no es así con los demás candidatos a la presidencia. Pero se ha encontrado con una ingrata sorpresa en el camino. En su segundo acto público de campaña, en la ciudad de Armenia, capital del departamento del Quindío, una multitud de ciudadanos, con solo ver al jefe terrorista en las calles haciendo proselitismo político, se abalanzó sobre él con insultos e improperios, hasta hacerlo abandonar el lugar, protegido por una fuerte custodia policial. En el acto de protesta, sus tres camionetas blindadas fueron gravemente deterioradas por la multitud.

Este hecho tan significativo levanta ante el mundo varios interrogantes: ¿Qué tan legítimo es el actual proceso de paz en Colombia?  ¿El País aceptará que sus verdugos durante medio siglo se conviertan ahora en sus gobernantes? ¿El Proceso de Paz con las FARC conducirá a Colombia a una verdadera pacificación del País, o a todo lo contrario?

Cuando se les preguntó a los colombianos, por medio de un plebiscito realizado en octubre del 2016,  si estaban de acuerdo o no con el Acuerdo de Paz, la mayoría votó por el NO.   A pesar de ello, el presidente Santos desconoció el resultado, y con el apoyo de casi toda la comunidad internacional, el Vaticano en especial,  y de las máximas autoridades europeas y norteamericanas, decidió implementar esos Acuerdos que el pueblo colombiano había rechazado. Y los impuso por la fuerza, en contra de la opinión pública, obligando al Congreso a aprobarlos  y reglamentarlos.

Como resultado de esa trampa inaudita, ahora las FARC hacen campaña presidencial. Además, tienen aseguradas 26 curules en el Congreso que será elegido el próximo 11 de marzo, sin necesidad de votos. Y, como no podría ser de otra forma, la ira por este irrespeto a la voluntad del pueblo colombiano tendría que manifestarse en algún momento, y esto fue lo que pasó esta semana. Una verdadera “mina explosiva”, para decirlo en forma figurativa,  ha sido detonada bajo los pies de este terrorista demagogo de Timochenko. Y seguramente se repetirá en otros lugares de Colombia por donde hará su campaña política.

Esta analogía ejemplifica la barbarie que han cometido las FARC  con muchos miles de colombianos. La mayoría han sido soldados,  policías y campesinos, a quienes les han volado sus extremidades con bombas y minas quiebrapatas, prohibidas por todos los protocolos de guerra modernos, y que las FARC han usado por miles en todas las regiones de Colombia. Pero éstas no son bombas de opinión, como la que ha sacado a Timochenko de las calles de Armenia,  sino que lo son de dinamita pura, que matan o dejan lisiadas de por vida a personas inocentes. Y ésta ha sido una de las armas favoritas de las FARC para someter y victimizar a las poblaciones campesinas,  que nunca los aceptaron, ni les dieron ningún apoyo.   

Obra del caricaturista venezolano Fernando Pinilla
Obra del caricaturista venezolano Fernando Pinilla

¡Qué gran paradoja es ésta! Cuando en el mundo se desatan grandes y loables campañas mediáticas para exigir “tolerancia cero” contra algunos crímenes, como es el caso de la pedofilia y el abuso sexual, en Colombia se nos pide transitar por el camino opuesto. La mayoría de los dirigentes occidentales, aprueban la tolerancia total, absoluta, cercada de impunidad y llena de beneficios, para los integrantes de una organización terrorista que han cometido todo tipo de crímenes horrendos y han destruido a una nación durante 50 años.

Es duro decirlo, pero en esa posición están la gran mayoría de los líderes de Europa, comenzando por el Papa Francisco. Y en consecuencia, también la casi totalidad del episcopado colombiano. Y ni hablar de quienes le concedieron el Premio Nobel de Paz al presidente Santos, quien a pesar de tantos aplausos que recibe de la comunidad internacional, desinformada o cómplice de sus desatinos, tiene la desaprobación categórica del 90% de la opinión colombiana.   Tanto lo sabe nuestro presidente, que no se atreve a salir a las calles, ni participa en ningún acto público, pues cada que lo hace aparecen el rechazo y la rechifla. Por ahora, y en los próximos seis meses de gobierno que le quedan, sólo recibirá los  aplausos que le vienen de fuera de Colombia, donde hasta ahora sí le han creído sus burdas mentiras.

En un pronunciamiento público de Tradición y Acción, poco antes del plebiscito del 2016, se hacía una afirmación que cobra enorme vigencia con estos hechos:   “…los promotores del proceso pasarán a ser objeto del más profundo rechazo por parte de la mayoría de los casi 50 millones de colombianos. Y la gloria que se atribuyen estos personajes se transformará muy pronto en vergüenza y repudio de todo el País”.  (Cfr. El País, septiembre 29 de 2016).

¡Y  esto es exactamente lo que está pasando en Colombia!

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CRÉDITOS: https://es.corrispondenzaromana.it/colombia-indignada-rechaza-las-farc/