Eugenio Trujillo Villegas / 23.07.2019 

¡El cerco se va estrechando! Así pasa habitualmente con todos los que tienen cuentas pendientes con la justicia. Lo que parecía un mar de impunidad y de burla, desde hace algunas semanas ha dado un giro radical, pareciendo prometer que se hará justicia. Especialmente cuando los protagonistas son personajes que en algún momento se embriagaron de poder, de arrogancia y se burlaron cínicamente de todos. 

En ese pedestal de efímera gloria estuvieron en su momento Lula da Silva y Dilma Roussef, ex presidentes de Brasil; Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kukzinsky y Alán García, ex presidentes de Perú; Cristina Kirchner, ex presidente de Argentina, y muchos otros, que es mejor no mencionar, pues la lista sería enorme. Y por Colombia tenemos al ex presidente Santos, responsable de escandalosos e indignos actos durante su gobierno. 

¡Todos ellos están envueltos en gravísimos delitos de corrupción! Todos se rodearon de una pandilla criminal de amigos y cómplices, con los cuales se apropiaron de negocios, de contratos y de grandes inversiones del Estado. Recibieron cuantiosos sobornos; manipularon y compraron la justicia; le dieron la espalda a sus electores, olvidándose de las razones por las cuales fueron elegidos, convirtiendo la más alta función pública en una mafia de manejos financieros irregulares, de escándalos, de transgresiones a la moral pública. 

¡Juan Manuel Santos tiene que dar muchas explicaciones! Sus dos campañas presidenciales fueron financiadas con sobornos de Odebrecht, la multinacional de la corrupción. Además, Cemex (Cementos de México), también le aportó dineros ilegales, con el fin de ganar contratos con el Gobierno. Interbolsa, protagonista de una las más grandes defraudaciones hechas en Colombia, también está siendo investigada por los dineros que dio ilegalmente a las campañas presidenciales. Y lo peor, que es regla general entre bandidos, muchos de estos dineros oscuros no llegaron a sus destinatarios, sino que fueron a parar a los bolsillos de los intermediarios. 

Pero esto no es todo. Ahora comienza a conocerse la pestilente feria de contratos de la Presidencia de la República, con los cuales le pagaron favores a todos aquellos que participaron del grandísimo fraude llamado “proceso de paz”. Entre ellos, contratos por millones de dólares para la familia de Humberto de la Calle, el negociador con las Farc; para Álvaro Leyva, jefe “in pectore” de la organización terrorista; para Roberto Prieto, el gran organizador de todas las trampas; para la familia del senador Iván Cepeda, protector incondicional de las Farc; para Piedad Córdoba, otro de los engranajes de la subversión. Y claro, no hubo medio de comunicación en Colombia que no recibiera su tajada, a cambio de hacer propaganda a favor de la paz y del Gobierno. Y así indefinidamente, en un carrusel de nunca acabar, que ahora se comienza a descubrir. 

En el Congreso de la República y en las Altas Cortes, corrieron ríos de dinero y de prebendas, comprando votos y voluntades para aprobar las iniciativas del Gobierno Santos. Como resultado, el orden jurídico de la nación saltó por los aires, lo cual no les importó en absoluto a los magistrados que estaban encargados de protegerlo. 

Otro fraude fue el Plebiscito, en el cual Colombia dijo NO a los acuerdos con la guerrilla de las Farc. Pero Santos, el Congreso, el Gobierno y las Altas Cortes se unieron en escandalosa complicidad para determinar que ese resultado había que desconocerlo. 

Y como esta demolición se hizo supuestamente para conseguir la paz, entonces se cometió también el mayor y el más vergonzoso de los fraudes. En forma elegante pero cínica, Santos se compró el Premio Nobel de Paz. Aprovechando la mediación de Noruega y de Suecia con los terroristas de las Farc, y con la complicidad de los Castro en Cuba, se urdió una siniestra carambola a varias bandas. En la tramoya, la ministra Noruega del Petróleo, Kacey Kullman Five, que dirigía el Consejo de administración de la petrolera estatal Statoil (hoy Equinor), consiguió para esta empresa los contratos de Ecopetrol para la exploración de vastas zonas petroleras del Caribe colombiano. Poco después, esta misma funcionaria, al dejar dicho Ministerio, fue nombrada presidente de la comisión que otorga el Nobel de Paz, y entonces le retribuyó sus agradecimientos al presidente Santos, concediéndole el premio Nobel. 

¡Una operación aparentemente perfecta! Pero, empañada porque la paz aún no aparece por ningún lado. Los terroristas se burlan del Acuerdo, que resultó ser una gigantesca operación de lavado de dinero del narcotráfico en manos de las Farc. Los guerrilleros, autores de los mayores crímenes de lesa humanidad, gozan de la más absoluta impunidad. Diez de ellos legislan desde el Congreso de la República sin haber sido elegidos, sus frentes de combate siguen armados y delinquiendo, además de controlar el próspero negocio de la cocaína.

En medio de este panorama desolador, las investigaciones del sistema judicial avanzan y los responsables comienzan a llegar a la cárcel. Entre ellos, Roberto Prieto, el gran amigo y hombre de confianza de Santos, operador del entramado de corrupción desde la Casa de Nariño; el ex senador Bernardo Elías, cabecilla de la recepción de los dineros de Odebrecht e incondicional del Presidente en el Congreso; dos ex presidentes de la Corte Suprema de Justicia, y otro de sus miembros, que integraron el llamado Cartel de la Toga; y seguirán otros más a quienes la justicia les pisa los talones. Todos ellos han comenzado un verdadero concierto de delaciones y acusaciones, cuyos hilos conducen al ex presidente Santos. 

¡Colombia quiere saber la verdad! Y pide también el castigo que se merecen los responsables. Se cumple así lo que afirmó Tradición y Acción en uno de sus numerosos documentos denunciando la trama mentirosa del Proceso de Paz, al referirse a los protagonistas de esta catástrofe: “ …los promotores del proceso pasarán a ser objeto del más profundo rechazo… Y la gloria que se atribuyen se transformará muy pronto en vergüenza y repudio de todo el País”. (Cfr: NO a la entrega de Colombia a las FARC. Tradición y Acción. El País. Septiembre 29 de 2016, pág. C 2).