Por Eugenio Trujillo Villegas
Director de la Sociedad Colombiana Tradición y Acción
Octubre 23 de 2020 – trujillo.eugenio @gmail.com

Consternación y escándalo, es lo que se ha producido en la Iglesia y en el mundo con la reciente divulgación de varias declaraciones anteriores del Papa Francisco sobre las uniones homosexuales. Fueron recopiladas en una película de tipo documental, que se estrenó el pasado 21 de octubre en el Festival de Cine de Roma.

En su declaración, Francisco dice que “los homosexuales tienen derecho a tener una familia. Nadie debería ser echado o ser infeliz a causa de ello”. Además, dijo que “lo que debemos hacer es crear una ley para las uniones civiles. De esta forma serán legalmente protegidos”. Estas afirmaciones indican una mudanza radical acerca de la enseñanza milenaria de la Iglesia sobre las relaciones homosexuales, que tiene su origen en el Antiguo Testamento, se mantiene en el Nuevo Testamento y ha sido la doctrina de todos los Papas y Padres de la Iglesia desde los más remotos tiempos hasta los días de hoy.

Sin embargo, no es una sorpresa que Francisco haya dicho esto. Desde el comienzo de su pontificado ha generado grandes confusiones entre los fieles católicos, al hacer afirmaciones polémicas que colocan al Papa en los extremos límites del error doctrinario y de la abierta contradicción con el Magisterio de la Iglesia. Esa ambigüedad ha generado discusiones acerca de asuntos de la mayor importancia, como la ordenación sacerdotal y episcopal de mujeres, el celibato eclesiástico, la comunión a los divorciados vueltos a casar, la comunión a los no católicos, los acercamientos al islam y las críticas a la propiedad privada. A lo cual se le suman las intervenciones políticas del Papa a favor de la izquierda.

La pachamama es adorada en los jardines del Vaticano

Para solo comentar los escándalos más recientes, puesto que es imposible citarlos todos, hace un año exactamente Francisco promovió el culto pagano de la pachamama en los jardines del Vaticano. Con su presencia y su bendición, algunos de los presentes adoraron a esa diosa de la madre tierra, a la cual las más primitivas tribus indígenas le rinden un culto milenario. A pesar del rechazo que esto produjo en el mundo católico, para conmemorar un año de dicha celebración, hace pocos días el Vaticano ordenó acuñar una moneda de diez euros en homenaje a la pachamama, cuya imagen es la de una joven mujer embarazada de la tierra.

Hace poco, Francisco ha publicado la encíclica ‘Fratelli Tutti’, en la cual hace una apología de la fraternidad universal, fundamentada en la trilogía masónica de la Revolución Francesa, que nada tiene que ver con la verdadera fraternidad cristiana. Coloca como modelo y ejemplo para la humanidad a personajes que nada tienen que ver con el Catolicismo, como Luther King, Ghandi, Tutu y el imán Al Tayyebb, entre otros. Es el viejo plan de los enemigos de la verdadera Iglesia, que pretenden convertirla en una institución no religiosa, dedicada a resolver los problemas materiales del mundo, colocándola a la vanguardia del llamado Nuevo Orden Mundial. En esa perspectiva utópica e igualitaria, las religiones dejarán de existir y el mundo será guiado fundamentalmente por la ONU y otros organismos similares, que pretenden imponer a todos la dictadura universal del ateísmo, con la evidente negación de los principios religiosos y sobrenaturales.

Para poder imponer esa utopía totalitaria de dominación mundial, será necesario abolir la propiedad privada y la libre iniciativa privada. Entonces, también el Papa Francisco se ha convertido en el adalid de esta demolición, presentando la propiedad privada como una mera función social, al servicio de la destinación universal de los bienes, negando implícitamente su función primera de legítimo derecho individual. Haciéndolo, niega principios milenarios que tienen su origen en la Ley Natural y que son el fundamento de la Civilización Cristiana, como si fueran contrarios a los valores cristianos. En consecuencia, deberían ser reemplazados por el socialismo comunitario, en donde las cosas son de todos, y particularmente del que las necesita, lo cual es el fundamento del marxismo y de todas las aventuras socialistas de nuestra época, que han llevado a muchas naciones a la miseria y a la opresión.

Lo que estamos viviendo con las posiciones cada vez más frecuentes y confusas del Papa Francisco no es un problema menor. Es algo que muchos teólogos y tratadistas católicos han estudiado durante siglos, que es la espinosa y complicadísima cuestión teológica de saber si un Papa puede caer en herejía.

El gran problema, sin resolver, de un Papa hereje

Tal como es enseñado por la Iglesia, la infalibilidad pontificia se aplica únicamente a las declaraciones dogmáticas solemnes sobre fe y moral, proclamadas explícitamente por un Papa o por un concilio ecuménico. Por lo tanto, los obispos y el Papa podrían incurrir en error en su magisterio ordinario, lo que no compromete ni contradice la doctrina inmutable de la Iglesia.

Pero es bueno que los católicos sepan eso, pues no hay suficiente claridad al respecto. Sobre todo cuando se trata apenas de opiniones personales del Papa Francisco, dadas en entrevistas, en las que la infalibilidad pontificia está menos aún en juego. Tanto menos en cuestiones opinables de política o economía, en las cuales los papas formulan opiniones puramente terrenales, que muchas veces a lo largo de la historia han sido equivocadas y también escandalosas.

El Papa Paulo VI, refiriéndose a la crisis desatada en la Iglesia por el Concilio Vaticano II, denunció en 1972 que “por alguna fisura haya entrado el humo de Satanás en el templo de Dios” (Alocución Resistite fortes in fide, Junio 29 de 1972). Afirmación terrible y profética, pues hoy vemos que la auto-demolición de la Iglesia, que es propiamente el humo de Satanás en el templo de Dios, ha llegado hasta el trono pontificio. El resultado de esta tragedia es que el rebaño católico se siente confundido, y es entregado a las garras de los lobos, que ávidos están por destruirlo.

Diversos prelados de gran destaque, entre ellos el Cardenal Raymond Burke, el Arzobispo Carlo María Viganó y el obispo Athanasius Schneider, han hecho sucesivas declaraciones afirmando que las actitudes erróneas del Papa Francisco deberían ser resistidas por los fieles, a la espera de que sean rectificadas. Lo han hecho con el mismo valor que tuvo San Pablo cuando se enfrentó a San Pedro en los primeros años de la Iglesia, por una disputa doctrinaria que amenazaba a la Iglesia naciente.

Podría entonces repetirse lo sucedido en la crisis arriana del siglo IV, durante la cual San Atanasio, San Hilario, San Eusebio y otros pocos verdaderos fieles, inconformes y escandalizados, fueron condenados por concilios y hasta por el propio Papa, de tal forma que los herejes tomaron cuenta del gobierno y la dirección de la Iglesia. Hoy eso no está lejos de tornarse nuevamente una realidad, que lanzaría al mundo hacia una confusión impredecible, ante lo cual los verdaderos fieles deberán permanecer apegados a la fe de siempre, rechazando las novedades sospechosas.

Son tiempos de pasión y de sufrimiento los que vive la Iglesia. Y a pesar del ecumenismo radical, de la falsa concordia y del diálogo engañoso entre el clero progresista y los enemigos acérrimos de la cristiandad, es un hecho que éstos conspiran y se articulan furiosamente para destruirla. Tal como está aconteciendo ahora mismo en Chile, donde arrasan las iglesias hasta los cimientos, profanan sus imágenes, las incendian en medio de las más radicales manifestaciones de odio, y junto a las ruinas humeantes de estos templos católicos escriben mensajes terroríficos indicando claramente lo que estos bárbaros modernos nos quieren imponer: “Muere Nazareno”, “Satán aprueba”. Estas frases quedaron escritas en el interior de la iglesia de la Concepción, en Santiago de Chile, que fue reducida a cenizas por los terroristas ateos que exigen una sociedad mejor y más justa. Sin duda, expresan con claridad lo que ellos quieren.