El ejemplo más desastroso de la apuesta obamista en pro de los seudo “moderados” fue el apoyo de Obama al entonces presidente Lula, del Brasil, a quien llegó a elogiar como un modelo de aliado confiable

1. Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, que se realizarán el próximo 06 de noviembre, despiertan natural interés en América latina y especialmente en el Caribe, en la isla-cárcel de Cuba, en lo que dice respecto a la política externa del próximo gobierno. Por la gravitación natural que continúan teniendo los Estados Unidos en las Américas, el futuro político de América latina en buena medida depende de los resultados de las próximas elecciones presidenciales estadounidenses.

2. En ese sentido, el panorama es preocupante. La impresión que se tiene de la política del presidente Obama hacia América latina es la de que el gobierno estadounidense navegó en todos estos años a la deriva, sin rumbo definido, sin brújula, dejándose llevar a veces por las corrientes de superficie y, otras veces, por las corrientes subterráneas que continúan moviéndose en el continente, en un sentido disgregador e izquierdizante.

3. El populismo chavista se expandió casi sin obstáculos por varios países de la región, alentando abiertamente el anti-norteamericanismo, y el presidente estadounidense lo máximo que hizo para contrarrestarlo diplomáticamente fue adular a los mandatarios izquierdistas “moderados”, presentándolos como una alternativa a los “radicales”. El ejemplo más protuberante y más desastroso de esa apuesta obamista en pro de los “moderados útiles” fue el apoyo de Obama al entonces presidente Lula, del Brasil, a quien llegó a elogiar en foros continentales como un modelo de mandatario serio y de aliado confiable.

4. En realidad, el “moderado” presidente Lula no hizo otra cosa sino hacer un trabajo de zapa contra los Estados Unidos y desalentar en América Latina las reacciones que surgieron contra el chavismo y el castrismo. Con ello, con el placet de Obama, Lula, asumiendo el papel de seudo “moderado”, se dedicó a pavimentar el camino a los “radicales” anti-estadounidenses. Su sucesora en el cargo, la también “moderada” presidenta Dilma, en lo que respecta a Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y, más recientemente, en lo que tiene relación con Paraguay, no ha hecho sino continuar esa lamentable política externa lulista. El gobierno Obama, entonces, simplemente dejó el campo libre para los neo-imperialismos de pésima orientación en política externa, que se delinearon en la región.

5. Pero es preciso decir que el desastre de la política estadounidense hacia América Latina y el Caribe no ha sido un triste privilegio del gobierno Obama. La falta de rumbos y de visión política de los sucesivos gobiernos estadounidenses con relación a nuestra región parece ser crónica, y esa especie de estrabismo ha afectado tanto a demócratas como a republicanos. Por ese motivo, no tenemos a priori ninguna ilusión con lo que el candidato presidencial republicano pueda hacer de positivo con relación a América Latina. Es preciso verificar, en las próximas semanas, cuáles serán las propuestas que ese candidato republicano podrá presentar hacia la región. Hacemos votos para que esas eventuales propuestas sean sólidas, inteligentes y practicables; pero, como fue dicho, sin ilusiones.

6. En América latina, existen influyentes corrientes de centro y de derecha partidarias de la libertad, del sistema de propiedad privada y de la institución de la familia. Esas corrientes están representadas en los más variados sectores de la vida de sus respectivos países, sean políticos, económicos, educativos, periodísticos, institucionales, etc. Nada más fácil sería para un candidato presidencial estadounidense elaborar un plan de acción que tuviera como un objetivo primordial establecer puentes culturales y diplomáticos con esas corrientes de centro y derecha latinoamericanas, que son naturales aliadas de corrientes similares existentes hoy, con notoria pujanza, en los Estados Unidos. ¿Por qué hasta el momento prácticamente ningún gobierno estadounidense ha adoptado medidas tan simples como esas, que redundarían, aún indirectamente, en un freno a los “radicales” chavocastristas del continente y en una merecida desmoralización de sus más eficaces aliados, los “moderados útiles”?

7. Esa omisión gubernamental estadounidense hacia América latina constituye una incógnita. ¿Y cuál es modesto objetivo, al levantar estos asuntos, y lanzar algunas respetuosas sugerencias en la línea del acercamiento de lo mejor y más sano de las fuerzas vivas de los Estados Unidos y de América Latina? Nuestro modesto objetivo es simplemente el de contribuir a preparar las condiciones para que al final se concrete la aspiración de establecer esos puentes culturales entre sectores de centro y derecha de los Estados Unidos y de América latina, que podrán alejar decisivamente a los países de la región del malsano eje de gravedad izquierdista que predomina en la actualidad.

CubDest

27 de Agosto de 2012