Al unirse al desagravio por la ofensa hecha por fanáticos anticatólicos a la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo en la plaza de Bolívar, la Sociedad Colombiana Tradición y Acción invita no sólo a repudiar este hecho que toca en la blasfemia, sino a meditar sobre el significado de la Cruz, símbolo por excelencia de la Cristiandad. Para eso le pareció adecuado reproducir aquí algunos apartes de una conferencia pronunciada por el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira:
 Ver Video


La cruz era un instrumento de tortura, que se utilizó a lo largo de la Antigüedad, y que representaba una vergüenza no sólo para la persona que era crucificada, sino también para su familia.

San Paulo se quejó de no estar sujeto a la crucifixión o cualquier otro tipo de muerte, porque era un ciudadano romano.

Nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto, al ser crucificado, recibió una tremenda humillación. Esta humillación equivalía a matarlo diciendo que era un matón, un ladrón, que era del mismo género que los otros dos matones con los que fue crucificado.

En este sentido, la cruz no fue sólo humillante, sino la culminación de todas las otras humillaciones que Él sufrió durante su vida terrena.

En toda la Pasión, fue notorio el deseo de humillar a Nuestro Señor. Así, por ejemplo, la corona de espinas, la túnica burlesca, el bastón en la mano a modo de cetro, la gente que Lo golpeaba, etc., explican el deseo de atormentarlo en su alma y en su Cuerpo santísimos.

La Cruz de Nuestro Señor representa por lo tanto a todas las humillaciones que Él sufrió durante su vida. Y es el principio de todas las humillaciones que hasta el fin del mundo, todos los católicos irían a sufrir por causa de Nuestro Señor Jesucristo.

Por eso los católicos tomaron la cruz como signo de honor, como lo más sagrado, el símbolo de lo que hay de más santo, poniéndola como insignia de honor en los símbolos heráldicos, en las coronas de los reyes, en las espadas.

Todo esto demuestra que la Iglesia Católica quiere exaltar la cruz como reparación a esta humillación.

Es la proclamación de la gloria de la cruz, que aplasta con orgullo las humillaciones que los adversarios buscan imponer a Cristo.

La causa católica debe ser defendida con el espíritu de la caballería. Por lo que si alguien daña la cruz ante nosotros, debemos reprenderlo fuertemente. No en defensa de nuestro honor, que sería insignificante, sino del honor de Nuestro Señor Jesucristo, del honor de la Virgen.

Plinio Corrêa de Oliveira