Con verdadero horror, el mundo católico acompaña las noticias recientes sobre los alcances de la revolución homosexual dentro de la Iglesia Católica.

El último de estos hechos bochornosos ha ocurrido en los Estados Unidos y llena los espacios de los medios hablados y escritos. Según las noticias, cerca de 300 sacerdotes, obispos y hasta cardenales, han abusado sexualmente de al menos mil personas cercanas a la iglesia, que depositaron su confianza en esos “pastores” y que terminaron siendo abusados por ellos. Entre las víctimas se encuentran padres, seminaristas, laicos y jóvenes estudiantes que estaban al cuidado de estos sacerdotes. Aunque en estas conductas inaceptables hay algunos casos comprobados de pedofilia, lo más desconcertante es la dimensión que ha alcanzado la práctica de conductas homosexuales entre los miembros del clero católico.

El epicentro de esta máquina de auto-demolición de la Iglesia es nada menos que la Arquidiócesis de Washington. Su protagonista principal es el cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de esa ciudad entre los años 2000 y 2006, quien fue destituido como cardenal de la Iglesia por el Papa Francisco en el pasado mes de julio. También estaría involucrado el Cardenal Donald Wuerl, quien reemplazó a McCarrick, y que también sería responsable por encubrir las depredaciones sexuales de su antecesor, y otras acontecidas en la Arquidiócesis de Pittsburg, donde estaba antes de ser nombrado en Washington. Ambos cardenales han sido consejeros muy cercanos al Papa Francisco.

El ex cardenal McCarrick, actualmente con 88 años de edad, está acusado de ser el articulador de esa compleja red homosexual que se ha infiltrado en un sector de la Iglesia católica de los Estados Unidos. Arropado por la autoridad sagrada que le confiere tan alto cargo, y con la complicidad y el silencio de las más encumbradas autoridades eclesiásticas de los Estados Unidos y del Vaticano, el ex cardenal McCarrick está acusado de organizar orgías homosexuales entre sacerdotes y obispos, de nombrar a los curas homosexuales en los cargos de importancia de su diócesis, y de escoger también a los sacerdotes con su misma inclinación homosexual para ser consagrados obispos en otras diócesis de los Estados Unidos.

Los hechos hasta aquí descritos, parecieran ser sacados de los más oscuros antros de difamación contra la Iglesia Católica. Sin embargo, todo parece indicar que son ciertos, y con seguridad van a desencadenar un verdadero terremoto dentro de la Iglesia, porque esto es apenas la punta visible de un iceberg de auto-demolición que existe desde hace muchos años.

Exactamente, desde los tiempos del Concilio Vaticano II, cuando las autoridades eclesiásticas comenzaron a ser conniventes con la revolución homosexual y la Iglesia dejó de predicar contra esta conducta sexual equivocada y pecaminosa, que fue tomando cuenta del mundo, de la sociedad y de la Iglesia.

Pero en este escándalo hay muchas, muchísimas más cosas gravísimas que se comienzan a conocer. Por ejemplo, el Arzobispo Carlo María Viganó, quien fuera el Nuncio Apostólico en los EEUU cuando ocurrieron muchos de estos hechos, entre 2011 y 2016, acaba de enviar una carta pública de 11 páginas al Papa Francisco, diciéndole que él como Papa había conocido esta situación, pues el propio Arzobispo Viganó se los había comunicado en una audiencia personal y el Papa no había hecho nada al respecto, encubriendo a su amigo personal el ex Cardenal McCarrick, confidente de muchos asuntos  importantes de la Iglesia en Roma. (El País, Madrid, Agosto 26 de 2018 – Primera página).

Igualmente, en estas gravísimas denuncias del Arzobispo Viganó, se acusa a varios de los Cardenales amigos del Papa Francisco, como el Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa (Honduras) y consejero inmediato del Papa, de propiciar hechos muy similares en su país, en los cuales estaría envuelto su obispo auxiliar, Mons. Juan José Pineda, recientemente destituido de su cargo.

En medio de esta tragedia, la Iglesia ha convocado en Dublín (Irlanda) un Encuentro Mundial de la Familia, evento que se acaba de realizar, entre los días 23 y 26 de agosto. Allá fue personalmente el Papa Francisco y en un acto público pidió perdón a todas las víctimas de estos hechos en los EEUU. Sin embargo, también fue invitado de honor el padre jesuita norteamericano James Martin, quien dictó una de las conferencias centrales del evento, siendo que este sacerdote es el abanderado de la causa homosexual dentro de la Iglesia, y proclama en sus libros y conferencias que la homosexualidad debe ser aceptada por la jerarquía católica, que los sacerdotes y obispos que la practican no están obligados a la castidad y mucho menos al celibato. Ante la evidente contradicción de estos dos hechos, los católicos nos preguntamos entonces cuál es la verdadera posición del Vaticano al respecto, pues de una cosa sí estamos totalmente seguros, y es el rechazo de la doctrina católica a la condición homosexual, que no es aceptada en ningún caso como una conducta acorde con la doctrina moral verdadera.

¿Qué podemos pensar de todo esto los católicos? Antes que todo, debemos tener la certeza de que, tal como lo prometió Nuestro Señor Jesucristo, las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Aunque acontezcan cosas aun peores a las que estamos viviendo en nuestro tiempo, la Iglesia sabrá sobreponerse a esta espantosa crisis, y de ella aprenderá una lección sobrenatural para que una situación similar nunca jamás se repita.

Para ello es indispensable que quienes tienen el gobierno de la Iglesia la purifiquen de una forma total, ejemplar, sin contemplaciones, sin tolerancia alguna, contra todos los que han participado de estos horrores. Hay que apartarlos de sus funciones, expulsar a los homosexuales de los seminarios, del sacerdocio y aun del episcopado. Hay que castigar a todos los responsables de esta devastación, así sean muchos, porque en ese rigor y en esa disciplina es que estará la resurrección de la verdadera doctrina y sólo así llegarán al gobierno de la Iglesia las almas puras y santas que la sacarán del abismo a donde la han llevado los responsables de estos crímenes.

¿Estará narrada esta terrible situación en el Secreto de Fátima, ya que la Santísima Virgen reprendió severamente a la humanidad en esas apariciones, por causa de la degradación en las costumbres? No lo podemos saber. Lo que fue revelado en el año 2000 por el Papa Juan Pablo II no dice nada a este respecto, pero hay muchas voces en la Iglesia que consideran que puede haber algo más en esas revelaciones.

En este cataclismo moral en que estamos, bien necesario es que el Papa Francisco enfrente con rigor todos los aspectos de esta auto-demolición que se está haciendo en la Iglesia. No apenas en cuanto al avance de las tendencias homosexuales dentro de ella, sino también en aspectos fundamentales de Fe, de moral, de doctrina y de disciplina, que la van llevando a la más espantosa crisis que ha padecido en dos mil años de historia.

Eugenio Trujillo Villegas
Director de la Sociedad colombiana Tradición y Acción

Agosto 30 de 2018 – trujillo.eugenio@gmail.com