Eugenio Trujillo Villegas / Director Sociedad Colombiana Tradición y Acción / 09.04.2019

El pasado fin de semana el Gobierno anunció el fin de la pesadilla vivida durante casi un mes en los departamentos del suroccidente de Colombia, por el bloqueo de la Vía Panamericana.

Ante las exigencias absurdas y desmesuradas de las tribus indígenas, se llegó a un arreglo en el cual el Gobierno destinará 800 mil millones de pesos para atender las necesidades de esa población minoritaria. El dinero saldrá del Plan Nacional de Desarrollo, y según el Presidente y los negociadores, ya estaba incluido en el presupuesto de este año, de tal forma que no significará un gasto adicional para el Estado.

Las reacciones ante el acuerdo obtenido son contradictorias. Unos dicen que fue una negociación afortunada, que evitó un probable derramamiento de sangre si el Ejército y la Policía intervenían para despejar las vías, por lo cual elogian la actitud del Gobierno. Pero otros, con no menos afirmatividad, dicen que el Gobierno cedió a la extorsión indígena y giró una suma colosal de dinero que esas poblaciones no merecen, habiendo tantas necesidades en otros lugares, siendo que los indígenas ya reciben habitualmente unos subsidios astronómicos por parte del Estado.

Si el Presidente actuó bien o mal, será motivo de una polémica de nunca acabar. Por ahora, el gran logro es que las comunidades empresariales podrán volver a sus labores, pues todas las actividades económicas se restablecerán con rapidez.

Solo el tiempo podrá responder con claridad sobre lo que acaba de pasar en el Cauca, y nos dirá con certeza quienes tenían la razón y quienes estaban equivocados. Si en el futuro inmediato, que podrían ser pocos días o algunos meses, los indígenas vuelven a bloquear las carreteras exigiendo más pretensiones absurdas, será evidente que la claudicación solo sirvió para envalentonarlos y preparar el camino para una extorsión aún más radical. Es evidente que detrás de ellos están las FARC, el ELN, los carteles de la droga, las minorías terroristas de izquierda que quieren destruir el País, además de los infaltables líderes comunistas que quieren incendiar el País a cualquier costo.

Pero, por el contrario, si con esta actitud del Presidente Duque y de su Gobierno, el problema de los indígenas del Cauca se arregla para siempre, cosa por demás bien improbable, habrá que reconocer que la solución fue la mejor y que el poder negociador rindió sus frutos muy abundantemente.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que hace pocos meses, los que protestaron violentamente fueron los estudiantes, a quienes se les giraron 500 mil millones para aplacarlos. Ahora fueron los indígenas. Tal vez mañana comiencen las protestas de Fecode, que ya están anunciadas, siendo que nadie ignora que es un gremio manipulado por el fanatismo de la extrema izquierda, que se inspira en las consignas marxistas de la lucha de clases. Y también, no sería extraño que entren en paro los gremios de los camioneros y de los transportadores, de lo cual también se habla. O también, de otras tribus indígenas en otras partes de Colombia, que también son manipuladas por los mismos hilos que quieren colapsar al Estado, arrodillar al Gobierno e imponer el caos.

Si ante cada protesta extorsiva el Gobierno responde con un voluminoso cheque, se acabará la gobernabilidad. Las minorías descontentas, muchas veces con razones justas y valederas, están siendo manipuladas por los grupos subversivos para aumentar los problemas, jamás para resolverlos. Y como queda dicho, solo el tiempo responderá estos interrogantes.